NUESTRA PROPUESTA EDUCATIVA





¿Qué tipo de educación hemos de dar a nuestros alumnos para responder a las necesidades de las personas y de la sociedad del siglo XXI?

La Institución Educativa “San Antonio de Padua” organiza la gestión pedagógica y administrativa basándose en valores que guían su diario actuar.  Y éstos, están alineados a los principios de Paz y Bien.

En este siglo de realidades complejas, inconstantes y extremadamente dinámicas, todo cambia de manera rápida e inesperada; pero, los que no cambian son nuestros principios fundacionales de Paz y Bien. Están allí, siempre lo  estuvieron; son intemporales, provienen de la vida, tienen un orden que  está en perfecta armonía con nuestros valores que se alinean a ellos.

Sin embargo planteamos nuevos paradigmas educativos para “adelantarnos al futuro” y “ensayar caminos inéditos de presencia y testimonio” (Fr. José Rodríguez Carballo, ofm) para enfrentar, sin demora, un nuevo panorama mundial, regional y local sumamente exigentes. Por ello, la educación que postulamos consiste en:

EDUCAR EL ESPÍRITU


Desarrollar la capacidad para relacionar el espíritu y la materia; ocuparse de la  trascendencia, lo sagrado, los comportamientos virtuosos; porque somos seres místicos en esencia.

“No somos seres humanos con una experiencia espiritual. Somos seres espirituales con una experiencia humana” (T. de Chardin).

“El ser humano no es simplemente cuerpo más (+) alma; no es materia más (+) espíritu; es un cuerpo animado o es un espíritu corporeizado. Y así vivimos y nos desarrollamos a lo largo de nuestra existencia en relación indesligable con Dios, consigo mismo, con los otros, y con la creación entera, con todo el cosmos y con todo el universo” (Fr. Gregorio Pérez Guereñu, ofm).

La espiritualidad es una actitud; y como tal, es un pensamiento y un sentimiento que se hace tangible, en el diario actuar.

Un pensamiento y un sentimiento que se iluminan con el amor de Dios; con la vida y el mensaje de Jesús de los evangelios; con el estilo de vida de san Francisco de Asís y san Antonio de Padua; tratando a toda la creación como hermanos hijos de un mismo padre (Inteligencia espiritual).

Si el intelecto se olvida de la compañía del espíritu, degrada el medio ambiente, las creencias, la familia; es decir aquello que más importa.

EDUCAR LA MENTE (ENSEÑAR A PENSAR)


Potenciar habilidades y destrezas entendidas como herramientas mentales (Inteligencia cognitiva) para resolver problemas cotidianos con eficiencia y eficacia; con ética y pertinencia; frente a un paradigma de simple adquisición de conocimientos.

La vida moderna ha disminuido nuestra habilidad de adaptarnos e interactuar de manera  armoniosa con los sistemas naturales que nos rodean. Nuestra especie humana amenaza con consumir y contaminar el mundo natural a una velocidad que excede la capacidad de tolerancia del planeta.

Necesitamos desarrollar la capacidad de reconocer la red oculta de conexiones existentes entre la actividad humana y los sistemas de la naturaleza para no violentarlas, así como las complejidades de los puntos donde se interceptan lo ecológico con la actividad de la especie humana (Inteligencia ecológica).

Asimismo, este siglo que se inicia, trae cambios económicos que incrementan, de forma dramática, la brecha entre quienes tienen y quienes no tienen. Nuestros estudiantes necesitarán inevitablemente la capacidad para resolver o evitar problemas financieros, acometer y comenzar una obra, un negocio, manejar su economía aumentando los ingresos o disminuyendo los egresos personales (Inteligencia financiera).

EDUCAR LAS EMOCIONES


Educar la autoconciencia y la confianza en sí mismo, dominar las emociones y los impulsos perturbadores, mayor sensibilidad frente a las emociones de los demás, saber relacionarse, tomar decisiones responsablemente (inteligencia emocional). “Si mejora la atención y la memoria, y también se despeja la mente de la impulsividad y la angustia, la mente del estudiante se sitúa en el mejor terreno para el aprendizaje” (D. Goleman).

EDUCAR EL CUERPO


Comprender y sentir el valor que tiene nuestro cuerpo y  de cómo cuidarlo, alimentarlo y tenerlo en actividad. Ser inteligente corporalmente es entender que nuestro cuerpo nos permite la supervivencia, que es fundamental para la vida en el mundo (Inteligencia corporal); nuestro cuerpo es el lugar y tiempo para ser y para estar, que hay que disfrutarlo, y no considerarlo como problema que se debe soportar; que es complejo, único, total, sinérgico, y que no es complicado, dividido en partes, algunas de las cuales avergüenzan y se teme mostrar.

 


 

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